Todo lo que has querido saber sobre la Paleodieta

En este post podrás conocer todo lo que siempre has querido saber acerca de la Paleodieta, sus beneficios y perjuicios, y cómo realizarla.

La paleodieta propone un estilo de dietética basada en aquello que comían nuestros ancestros del Paleolítico. Cada vez son más los individuos aquejados de dolencias inflamatorias, gastrointestinales, problemas articulares, fibromialgias, problemas renales, intolerancias alimentarias etc. Por ello y relacionando toda esta información, un grupo de investigadores propuso que muchos de los individuos presentaba un sistema  inmunitario y digestivo más parecido al de nuestros antepasados que al acorde con la alimentación actual.

Así, al consumir a la larga alimentos con harinas refinadas y alto contenido en gluten, exceso de azúcares y de leche, un aumento en el consumo de grasas hidrogenadas… estamos haciendo que nuestro sistema inmunitario detecte muchos de estos componentes como “extraños” (en especial, una proteína del gluten que es la glidina) y se desencadenen procesos inflamatorios crónicos y generalizados.

 

¿Cómo puedo seguir una dieta paleolítica?

Para seguir la dieta paleolítica debemos remontarnos a qué comían nuestros antepasados antes de la revolución Neolítica. Por aquel entonces, los individuos eran intolerantes a la lactosa (azúcar presente en la leche) y no ingerían cereales (tampoco toleraban bien el gluten).

Por tanto, según los defensores de la dieta debemos reducir la ingesta de leche y por supuesto  la de harinas refinadas, en especial la de vegetales como el trigo o la cebada que contienen alto contenido en gluten, por la de maíz, arroz o algarrobo que es mucho más digestiva. En esta dieta, se elimina la pasta y las legumbres, por tratarse de alimentos más indigestos y que pueden alterar la permeabilidad del intestino.

En la dieta paleolítica, es fundamental ingerir frutas y verduras, así como de mariscos, carnes y pescados que son una fuente esencial de proteínas. Los mejores pescados son aquellos que contienen omega 3, un “antinflamatorio” natural por excelencia. Además, acompañar las comidas de una ración de frutos secos es ideal.