Radiofrecuencia facial, el lifting sin cirugía.

La medicina estética avanza para desarrollar tratamientos estéticos cada vez menos invasivos. Someterse a una cirugía facial es una solución para pararle los pies al envejecimiento de la piel, pero tiene sus contras: tener que someterse a la anestesia general o un postoperatorio doloroso con zonas inflamadas o hematomas, sin contar los elevados precios del tratamiento.

La radiofrecuencia facial es un tratamiento no invasivo, un lifting sin cirugía. Está indicado para personas de 35 a 55 años que quieran recuperar la tersura de su piel en cara y cuello.

El tratamiento de radiofrecuencia facial actúa en rostros con flacidez leve o moderada, estirando la piel y devolviéndola a su posición. Las zonas que más comúnmente se tratan son la frente, para levantar el arco de las cejas y tensar la piel, los pómulos, que se levantan y se disminuye el tamaño de los poros, la zona de las mandíbulas, en la que se disminuye la flacidez y el descuelgue de la piel y el cuello, donde se tensa la piel y se elimina papada y arrugas.

La duración de una sesión es de aproximadamente 45 minutos, y los resultados son progresivos aunque tras la aplicación ya puede observarse los efectos: un rostro retensado y una piel menos flácida. Se necesitan unas 5 sesiones para completar el tratamiento.

Las ventajas de este tratamiento antiedad son obvias: al no someterse a una cirugía, no hay postoperatorio. El paciente puede hacer vida normal según salga de la clínica, incluso tomar el sol tomando las precauciones oportunas (una crema con un factor alto de protección). En cuanto a los efectos secundarios, es probable que la piel se enrojezca ligeramente o incluso sufra una ligera inflamación que desaparece pasadas 24 horas.

La radiofrecuencia facial no está indicada para aquellas personas que tengan algún tipo de prótesis metálica, ya sea corporal o dental; tampoco para quien lleve marcapasos. La radiofrecuencia también puede utilizarse en problemas de pigmentación, de acné o problemas vasculares.