Agua y piel siempre joven

La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo, lo recubre por completo y su función principal es la de protegernos frente a los agentes externos. La piel respira, se nutre y elimina los desechos, al igual que nosotros.

El aspecto de la piel nos proporciona mucha información, la piel y el sistema nervioso están íntimamente ligados desde el momento en que se forma el feto al partir de la misma capa embrionaria. Por ello, los sentimientos y las emociones se reflejan en la piel, nos ruborizamos cuando tenemos vergüenza, sudamos cuando estamos ansiosos y se nos pone la piel de gallina cuando nos emocionamos.

Como sabéis, este gran órgano está formado por dos capas, la dermis, la parte más superficial, y la epidermis, la capa más profunda. Todas las estructuras de la piel necesitan una serie de nutrientes para el mantenimiento del colágeno (estructura básica para la firmeza y el sostén). Entre los nutrientes principales encontramos la Vitamina C, la Vitamina E, el zinc, el selenio y el ácido hialurónico.

Como hemos tratado de explicar en posts anteriores, la hidratación es fundamental para mantener la piel sana, flexible y joven. Por consiguiente, el agua, resulta vital para el correcto funcionamiento de las células cutáneas. En la medicina natural, la piel se considera un tercer pulmón por su función de respiración cutánea y eliminación de toxinas. En realidad, la salud de la piel depende del estado y pureza de la sangre quedando estrechamente relacionada con todos los órganos internos.

Si quieres lucir una piel perfecta, debes tener en cuenta que los antioxidantes ayudan a eliminar los radicales libres que perjudican la piel y luchan contra la inflamación visible en los casos de acné, enrojecimiento y/o irritación. Los podemos encontrar en frutas germinadas y hortalizas. Si tienes la piel dañada, puedes repararla con vitamina C y E que también son antioxidantes y pueden encontrarse, por ejemplo, en cítricos, vegetales de hoja verde o el brócoli. Las vitaminas C y E son más eficaces cuando son combinadas. Por su parte, la vitamina E ayuda a hidratar la piel y la protege contra los radicales libres, mientras que la vitamina C estimula la producción de colágeno. Si tienes una piel seca, está mejorará con el consumo de alimentos como las semillas de lino, calabaza o girasol, así como las nueces. Si tienes una piel que padece enrojecimiento, te recomendamos el consumo de alimentos ricos en silicio y zinc (esencial para reparar lesiones cutáneas), como el pepino, las almendras y las legumbres.

En cualquier caso, el consejo de belleza más importante que podemos ofrecer sigue siendo. aumentar el consumo de agua. No olvidéis que el agua es el principal activo de nuestra piel y que estar bien hidratados supone el mejor aliado para conseguir una piel joven, flexible y sin imperfecciones. Aumentad vuestro consumo de agua diario y observaréis como vuestra piel responde en poco tiempo, mejorando todos sus aspectos.